¿Por qué quiero viajar?

¿Qué tendrán las duchas que se convierten en templos de meditación? Será el agua calentita, los olores del champú o la intimidad… el caso es que las mejores ideas y las reflexiones más profundas siempre se dan en la ducha (o sentado en el váter).

El otro día estaba yo duchándome y reflexionando sobre -cómo no- el viaje y sobre el motivo del mismo. Me quedé pensando en qué respondería si me preguntasen por qué decidí irme tras terminar la carrera. La única respuesta que se me ocurre es esta:

– Pues… porque quería hacerlo.

SIIIIÍ VALE YA LO SÉ, ES UNA RESPUESTA OBVIA. LO SÉ, LO SÉ. Relax. Pero ¿cuántas veces has leído/escuchado/dicho eso de “viajo para encontrarme a mí mismo/para que la vida no se me escape/porque necesito un cambio/porque no sé qué hacer con mi vida/porque es lo único que compras y te hace más rico“.

Seguro que un millón de veces.

Pues bajo las termales aguas de la sabiduría de la alcachofa de baño, inspirada por los vapores del conocimiento, con todos mis poros y mente abiertos, me vine a dar cuenta que no quiero viajar por un motivo específico más allá del propio viaje. No quiero escapar de un jefe o una empresa que me ha estado atosigando durante años ni nada de eso. Es más, sé que me iré sin apenas haber tanteado con el dedo gordo del pie el mundo laboral. No ha habido un acontecimiento que me haya hecho darme cuenta de que lo que necesito es un año sabático o viajar sin billete de vuelta.

Porque creo que las personas sólo se fijan en intentar saber lo que quieren para poder trazar un camino en sus vidas. Pero olvidan que saber lo que NO se quiere también es importante. Lo más probable es que el cúmulo de cosas que no quería en mi vida haya sido parte en esta decisión, pues:

– No quería trabajar en una empresa u oficina. Ya desde hace unos cuantos años apostaba por el freelancing, y estaba decidida a trabajar así o en trabajos temporales.

– Sabía que no quería salir de la carrera y tener que aceptar trabajos de becario poco o nada remunerados esperando un ascenso que nunca llegaría.

– Sabía que no quería tener 20 días de vacaciones tras 345 días de trabajo.

– Sabía que no quería hacer un máster después de la carrera. Creo firmemente en que en el audiovisual se puede aprender muchísimo de forma autodidacta.

– No quería comprar un coche, una casa o algo que me tuviera hipotecada hasta vete-tú-a-saber-cuándo. Y ya ni hablemos de casarse o tener hijos…

Es probable que este “estilo de vida” les pueda resultar precario a muchos. Algunas personas han estado en ciertos aspectos de acuerdo conmigo y otras en ninguno. Hay de todo. Lo cierto es que muchos viven su vida por inercia, según lo establecido, sin cuestionarse si existen otras variantes. Algunos a día de hoy todavía se sorprenden de que no quiera hacer un máster y me preguntan con las cejas arqueadas que si no qué voy a hacer, como si me estuviera sentenciando al paro directamente… Sea como sea saber qué vida no quería llevar me ha acercado más a decidir el camino por el que ir.

Y estoy encantada con ello ✈

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s