Uno no sabe lo que tiene… ¡hasta que se corta el pelo!

Sé que esta entrada poquito va a tener relación con los viajes. Pero al fin y al cabo este es mi blog y escribo en él lo que quiera 😜

Hace unos cuatro días me corté el pelo. Pero no las puntas ni aquello que consideran los peluqueros que son las puntas pero que en realidad es media melena, no. Me corté el pelo de una forma que sólo lo había tenido de pequeña y porque me estaba creciendo. Me corté el pelo casi como lo tienen los niños, cortito, cortito.

Puede parecer que mi melena rizada no fuera muy larga pero ¡sí que lo era! Si estirabas cualquier rizo llegaba hasta por encima del ombligo. En fin, que me corté el pelo y ahora lo echo de menos.

¿Entonces por qué leñes te lo cortaste? ✂

Porque lo odiaba. Odiaba mi pelo. No es que no me pareciera bonito, es que mantener un pelo rizado es muy difícil y laborioso. Hay que dedicarle mucho tiempo para que luzca bien por sólo un par de días como mucho. Y eso me hartaba. Por no hablar de los dolorosos tirones tanto para desenredar como cuando se enganchaba en cualquier sitio.

Siempre me amenazaba a mi misma con un “¡un día de estos me rapo!”, hasta que lo hice. Y vale, es cierto que no llevo ni una semana con mis nuevos minirizos, pero me he dado cuenta de que esto tampoco era exactamente lo que quería.

Muchas veces en la vida, cuando estamos a disgusto con una situación, la cortamos de raíz -nunca mejor dicho- para poder estar bien. Y eso es genial. Hay que tener mucha fuerza para dar un giro de 180º a una situación que no nos hace bien. Pero en estos días de luto por mis rizos he estado pensando que también existe otra opción que es igual de difícil que la mencionada anteriormente, pero que también es válida.

Hay veces que la mejor opción es, simplemente, escuchar a las dos partes e intentar buscar juntos una solución. Quizás yo debería haber hecho algo así:

Marta: A ver, Pelo, sé que yo no te caigo bien, tú a mi tampoco. Pero vivimos juntas y estamos en una situación insostenible. ¿Qué leñes te pasa conmigo? ¿Por qué si te desenredo a los dos días vuelves a estar igual?

Pelo de Marta: ¡No lo hago queriendo, es mi condición! Además, mucho quejarte de desenredar, pero bien que luego no inviertes en BUENOS productos para el pelo. Además, tampoco me desenredabas cada dos días, siempre acababas dejándolo para más adelante a sabiendas de las consecuencias.

Marta: ¡Joder Pelo, que sólo tu mascarilla me cuesta 5€! 😵 ¿Te crees que soy rica? Y bueno… quizás tengas razón en eso de que soy un poco vaguilla a la hora de peinar… pero es que me lo pones tan difícil…

Pelo de Marta: te lo hubiera puesto mucho más fácil si tu compromiso conmigo hubiera sido más fuerte. Dormir con gorra, lavarme con productos lo más naturales posibles (caros, sí, pero sabías que merecería la pena), haberme nutrido una vez al mes durante UNA ESTÚPIDA HORA QUE NO TE HUBIERA COSTADO NADA.

Marta: pero… 😢

Pelo de Marta: ¡Sht, a callar! Sigo: haber seguido desenredándome con los dedos o haberme secado con un difusor, en lugar de con el aire fresco, habrían ayudado un montón a nuestra relación. ¿O acaso te crees que a mi tampoco me duelen los tirones que me metes con el peine? Sé que mi cuidado es un coñazo, pero es lo que hay.

Marta: Joe, vale, lo siento, si es que tienes razón. Si queremos llevarnos bien voy a tener que empezar una rutina de cuidados íntegramente para ti. Te quiero mucho Pelo mío. Siempre juntas, forever and ever, to infinity and beyond my love 💘

No nos vamos a engañar: echo de menos mi melena. Pero al menos esto me ha servido para darme cuenta de que a veces merece más la pena intentar buscar una solución o un punto medio que tirar el problema a la basura. Esto puede extenderse a cualquier ámbito vital: amigos, parejas, familia, trabajo, mascotas, carreras, aficiones o lo que sea.

Buscar la paz en lo que tienes en lugar de deshacerte de ello. Porque si no, nos quedaríamos sin nada ni nadie.

Porque si no, todas las personas con un pelo conflictivo estaríamos calvas 😝

PD1: esta reflexión ha sido patrocinada por mi ducha, que es donde -cómo no- ha nacido.

PD2: el dinosaurio que aparece en mi jersey se llama Ernesto (¡sí, tiene nombre!).

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