Bienvenidos a Belice

A pesar de las alegrías que me han traído los preparativos del viaje, llevo mucho tiempo con la sensación de una combustión inminente. Que en breves voy a ser incendio. Y no sé qué será de mi después de eso.

Ya ando soltando chispazos.

Si echo la cuenta atrás soy incapaz de señalar cuándo empezó todo. Sólo puedo recordar las primeras pequeñas brasas que comenzaron a hacer mella en mí. Y de eso hará… ¿más de un mes?

“No, no evitarás, que quiera largarme cuanto antes.”

En todo este tiempo han estado sucediéndome cosas que por separado son nimiedades. Pero juntas, una detrás de otra, llama a llama, están logrando encender una fogata que tiene pinta de descontrolarse.

Personas que no han sido justas conmigo y me han bombardeado la moral justo en momentos estresantes de mi vida. Por lo que he tenido que dar el 200% para sacar adelante lo que hay que sacar adelante. Y eso me ha fundido.

Porque no estaba ni al 25%.

“Si una gota colma el vaso, otras veces ya es el mar. Y es el mar esta vez, ¿lo entiendes?”

Es como si yo fuera una batería descargada que necesita descanso. Necesito tener un chute de corriente antes de que este sobrecalentamiento termine chamuscándome. Necesito no ser la Marta que vive en Málaga y estudia Comunicación. Necesito ser yo, Marta, pero en un lugar donde no se me identifique con nada. Donde sea una más.

Mi cuerpo me pide que me vaya lejos. Lejos de todo y de todos. No es que quiera, es que necesito escaparme.

“Me quiero evaporar entre la gente”

Cierro los ojos y me imagino leyendo “Rayuela” en una terraza de bar, al sol, teniendo como banda sonora sonidos extranjeros.

Cierro los ojos y me veo llevando lo justo y lo necesario en una maleta pequeña. Me veo andando tranquila, viendo atardeceres, yendo a donde quiera cuando quiera sin tener obligaciones. Sin tener que estar pendiente a peticiones telefónicas porque ni siquiera llevaría el móvil encima.

Cierro los ojos y me imagino saltando de autobús en autobús explorando nuevos lugares a mi ritmo, sin las presiones de una fecha de regreso. Me imagino deambulando hasta que mi cuerpo me diga “ya me siento bien, es hora de volver a casa”.

Me imagino feliz.

“Un día me iré, me iré de verdad. No sé si me ves del todo capaz de cambiar nombre y edad y si me encuentras decirte: <<¿de quién me estás hablando?>>”

O apago la ignición, o soy incendio y me calcino por dentro.

Y me quedo en nada.

 

“Si puedo escapar

es    con    la    mente   .”

 

P.D: os dejo con esta magnífica canción de Love of Lesbian de la que he ido colgando frases a lo largo del post:

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  1. Pingback: Parálisis viajera

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