Una graduación un tanto diferente

El pasado fin de semana, el último de julio, Miguel me preparó una “graduación” sorpresa. ¿Qué digo una? DOS graduaciones sorpresa (un día con amigos y otro con la familia), ya que este año decidí no graduarme en la Universidad.

La idea le vino porque en su momento yo no tuve interés en graduarme. Sin embargo cuando acabé el curso no sentía que había terminado la carrera. Es decir, era como si estuviera en unas vacaciones de verano como otra cualquiera, y que el quince de septiembre volvería a las clases.

Pero eso no iba a ser así.

Era incapaz de interiorizar que había terminado mis estudios.

Y creo que me sentía así porque no había tenido nada que simbolizara el término de la carrera. Nada que dijera “estás haciendo X porque has terminado X”, no sé si me explico. Por eso Miguel decidió hacerme el mejor regalo que me han hecho nunca: reunió a mi familia y entre todos celebramos mi graduación, con discursos incluidos.

Fue un momento muy emotivo. Tanto, que he decidido compartir el discurso de mi madre:

 

Hay personas que nacen en muy buenas familias. Desde pequeños sus padres les ofrecen lo mejor, un hogar precioso donde no falta de nada, los mejores juguetes, ropa fina de los boutiques de marca, estupendas vacaciones en sitios preciosos por el mundo, colegios privados y los mejores estudios con los que algún día tienen facilidades para conseguir una profesión de ensueño en un buen puesto de trabajo seguro para poder forjarse una vida tan abundante y agraciada como siempre ha sido la de sus padres.

Y luego hay otras personas que nacen en familias donde no hay dos padres pudientes para procurar que el camino de sus hijos sea lo más ligero, protegido, abundante y agradable. Nacen en una familia donde sólo hay una madre algo magullada por la vida, dos hermanas mayores, y que por mucho que se esfuerze la madre, no puede ofrecerle a su hija menor más que una vida modesta con apenas sin ningún tipo de lujos ni abundancias. O sea, una vida donde – gracias a Dios – nunca ha faltado de nada pero donde siempre ha faltado de todo.

De hecho, haber conseguido su carrera graduándose en sus estudios universitarios, pasando de ser una simple estudiante a ser una Comunicadora Audiovisual titulada, ha sido un reto enorme que Marta ha llevado al cabo con muchísimo esfuerzo, sudor y a veces lágrimas. Ha sido un proyecto de varios años, que por fin ha dado su fruto. Y pronto se marchará a probar sus alas – tanto personales como profesionales – al otro lado del mundo, a Nueva Zelanda.

El terminar los estudios no sólo significa comenzar a ejercer la carrera elegida en un país lejano, y seguramente durante algún tiempo de forma totalmente autónoma, sino también es el momento de comenzar a crecer como persona adulta e independiente gozando de una libertad personal e intransferible que es y será la envidia de muchos. A Marta le ha llegado el momento de usar sus propias alas tanto en la vida personal como profesionamente. Y estoy segura que lo hará muy bien.

Y de hecho, Marta es una de las personas más libres que conozco. Y no ha conseguido esa libertad de decisión propia con el apoyo de una familia rica y adinerada y con muchas posibilidades de facilitarle el camino. Por su puesto la familia la hemos apoyado en todo lo que hemos podido, y sobre todo siempre procurando no cortarle sus propias alas, pero si hoy día Marta es libre de decidir y realizar en vivo y en directo lo que realmente desea hacer con su vida personal y profesional, es gracias a su propio esfuerzo y tenacidad.

Ya sólo me queda felicitarla por haber terminado sus estudios con buena nota y con una matrícula de honor en su TFG. Y desear que esa libertad personal de poder elegir dónde, cómo y con quién quiere vivir su vida en los próximos años y ejercer su profesión le vaya acumulando numerosos buenos recueredos personales y aciertos profesionales.

También quiero darle las gracias a Miguel, a su pareja, que ha organizado esta fiesta de graduación tan estupenda. Estoy feliz que Marta haya encontrado en Miguel ese compañero que la querrá, la amará, la ayudará y la protegerá de la mejor manera posible acompañándola a todas partes – cosa que yo no puedo hacer aunque quisiera. Es como digo, Miguel es la segunda mamá de Marta J.

Y por último: Mi pequeña Marta, que sepas que estoy muy orgullosa de ti. Cuídate y vuelve a casa siempre que quieras. Y que vayas a donde vayas, espero que ese ángel plateado que llevas en el cuello – él que te regalé en tu 18 cumpleaños – te siga protegiendo de los peligros que pueden asechar en el mundo lejos del hogar.

Te adoro mi vida.

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Pies, ¿para qué os necesito si tengo alas para volar? -Frida Kahlo

Y yo ahora tengo seis alas: las mías, las que me regalaron en mi dieciocho cumpleaños y las del avión que me regalaron en mi casera graduación universitaria. Seis alas con las que siento que puedo llegar hasta el infinito ✨

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Satu dice:

    Preciosa mía ❤❤ Gracias 😘😘

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  2. Hola. Va a sonar raro. Pero el discurso me ha emocionado

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    1. Marta Diarra dice:

      ¡Pues imagínate escuchar uno detrás de otro! Más que una celebración parecía eso un funeral con tanta lágrima 😛

      Me gusta

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