P de Pasear

Y qué gusto da estar enamorado

y pasear contigo del brazo.

Pereza

El viernes estuve paseando por Murcia.

Sobre las 12:00 llegué a la estación de autobuses de Murcia, la misma estación en la que hace casi dos años por muuuy poquito no perdí un autobús dirección Madrid (gracias, chica desconocida ❤). Por poco perdía un autobús que sin saberlo todavía más que a Madrid me llevó directo a los brazos de Miguel.

Paseando por los alrededores vi también el Centro de salud de San Andrés, que me recuerda lo poco que me gusta ir al médico y lo mucho que me enfermo.

Paseando llegué al parque de la seda, el parque de los patos, de las fotos, de los atardeceres… un parque muy pequeñito que concentra grandes recuerdos.

Paseando llegué también al bendito Telepizza del barrio de San Antón, el causante principal de nuestra subida de peso pero buf, sí que disfrutamos a tope de sus ofertas. Cualquier celebración tenía nombre de Telepizza.

Paseando llegué al Superdumbo de la rotonda de La Opinión y recordé el vicio máximo a su ensalada césar. Una ensalada que SÓLO me gustaba de allí. Si no era esa, no me  comía la de ningún lado. Así que un Superdumbo era la oportunidad perfecta para abastecerme de ensalada césar.

Paseando un poquito más llegué a la Plaza Circular, la redonda, el primer lugar murciano que pisé aquel once de septiembre de 2015 (¡dos mil quince!). Mi blablacar me dejó ahí en medio y yo me senté con mis maletas a esperar a que mi casero me recogiera, un santo. Recuerdo el solecito, los jóvenes -probablemente- yendo la feria, la sensación de libertad y sobre todo recuerdo la gran sonrisa que tenía mi alma, una sonrisa que me decía “vamos a comernos el mundo”.

Paseando también llegué a Espinardo, el segundo barrio de mi vida, mi primera mudanza, mi primera independencia, mi nueva habitación, mi nuevo hogar. Un barrio del que tiempo después me enteré de que era chungo, y que no recomendaban adentrarse en sus profundidades por la noche. Precisamente eso fue lo que hice al segundo día de llegar, cámara en mano y todo.

Paseando también llegué a mi queridísimo Wok King, ese que está enfrente del Carrefour Zaraiche, ese que tiene un cocinero del que siempre Miguel me bromeaba en contratarlo cuando fuéramos ricos. Ay, Wok King… probablemente tú tengas más culpa que todos los Telepizzas del país de nuestra subida de peso. Pero cuánto disfrutaba comiendo allí.

También pasé por mi tercer barrio, pero el primero con Miguel. Nuestro barrio. Nuestra casa. Y nuestros compañeros azerbayanos y vietnamitas.

Paseando me subí al tranvía, pasé por el tontódromo, la Gran Vía, vi la escultura rara que se ve por la carretera y avecina la universidad, vi la catedral, el río Segura, crucé el Puente de los Peligros y vi su sardina (❤); y todo este paseo me hizo recordar todo el año vivido en la cuidad, recordé todo lo vivido con Miguel y por qué me enamoré de él, recordé todos los lugares que llevan el nombre de La Condomina y mis momentos en ellos, el Thader, el Ikea y sus tartas, en lugar especial de Miguel en la cuesta agridulce, la ciudad durmiendo desde la Cresta del Gallo, la cita “romántica” a base de kebabs en el Valle Perdido viendo -y fotografiando- las estrellas, el atardecer en las salinas de San Pedro del Pinatar donde Miguel me besó con todo el amor que albergaba en su interior, la fica y el SOS, la plaza de toros y el BUM, el descampado y las novatadas, el parque de las cuatro copas y el Bando de la Huerta, el entierro de la sardina vía TV porque estaba enferma, las barracas y el paparajote y el zarangollo, la cantina de veterinaria y su bendito pollo asado, el pastel de carne de la pastelería Zaher (supuestamente la mejor de murcia, la más cara seguro) que se me calló al suelo en los jardines del malecón (y ahora esa tienda ya no existe), el museo de los molinos de viento y la sorpresa de haber sido la ganadora absoluta de la maratón fotográfica.

Paseando por Murcia recordé uno de los mejores años de mi vida.

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Días de abecedario

Es un juego en el cual escribimos durante 26 días seguidos utilizando cada una de las letras del abecedario. Revolvemos recuerdos, posamos la mirada en los detalles, imaginamos, escribimos sobre viajes verdaderos, internos, poblados. Escribimos sobre calles, sombreros, tortas de manzana, aromas, detalles pequeños, sensaciones, pájaros, utilizando las letras del abecedario.

Si quieres más información clickea aquí.

Por cierto, todas las fotografías que acompañarán a cada palabra las he realizado yo, así podéis ver un poquito más de mis fotos. Muchas de ellas no están publicadas en ningún lado, así que con este proyecto podré hacer algo con casi treinta fotos que me gustan y tenía guardadas 🙂

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