La L debería haber sido de Libertad (o reflexiones tras dos meses viajando)

Echo la vista atrás y me da la sensación de que hace apenas una semana que escribí el post del primer “mesversario viajero”, y resulta que voy ya por el segundo. El tiempo pasa tan rápido cuando se está tan bien…

El otro día le escribí un email a una amiga, en la que le contaba lo feliz que era y lo muchísimo que me gusta el trabajo que estoy haciendo. Luego le expliqué en qué consistían mis labores: ordeñar vacas de cuatro a ocho de la mañana, después limpiar, tirar con palas kilos y KILOS de “leche” ya convertida en manquilla podrida, meterme en tanques claustrofóbicos y limpiarlos de dicha mantequilla, quitar malas hierbas o grandes ramas que el viento arranca… y todo ello siempre cubierta de caca de vaca y pestilencias. S I E M P R E. La mayoría de las tareas además son bastante duras por tener que cargar con pesos pesados (entre ellos las “cups” del ordeño), o trabajar bajo un sol abrasador o bajo una lluvia incesante.

Y ahí me di cuenta de que este trabajo no encaja en el imaginario general de trabajo idílico. Pero yo no puedo evitar sentirme feliz. Más feliz de lo que lo he sido en toda mi vida. Y me encanta este trabajo, al que nunca he ido de mala gana.

Entonces comprendí algo.

No es cuestión de oficios. Tampoco se trata de viajar ni de estar cumpliendo sueños. Realmente mi felicidad no reside en ello. Mi felicidad se ha construido en base a una simple pero enorme palabra: libertad.

Estoy siendo feliz porque estoy disfrutando de una libertad sin medidas. Soy feliz porque estoy donde quiero estar, haciendo lo que quiero hacer, viviendo como quiero vivir y estando con quien quiero estar.

Así de simple.

No importa si estás encerrado en tu casa o si estás recorriéndote el mundo entero, no importa si estás en un trabajo “de mierda” o si estás en el mejor del mundo, o si estudias en la mejor o peor universidad. Nada de ello importa porque si lo haces por obligación, seguramente tarde o temprano acabes frustrándote (como me ocurrió); pero como sea por propia decisión, la plenitud y la satisfacción serán tus compañeros diarios (como me ocurre).

Y lo mejor de todo es que sé que soy libre hoy, pero que me he forjado esta libertad de tal forma que mañana seguiré siéndolo. Por lo pronto, no tiene fecha de caducidad, no se trata de un año sabático a cronómetro. Yo misma decido la duración de mis pasos y su dirección.

No me malinterpretéis, no quiero decir que puedo hacer literalmente toooodo lo que me venga en gana. Para ello, lo primero debería ser rica, y eso me queda a años luz de distancia. Lo que quiero decir es que dentro de mis posibilidades soy todo lo libre que puedo ser. Tengo que trabajar, sí, pero tengo la libertad de elegir si quiero hacerlo en España, en la isla sur o norte de Nueva Zelanda, o en la Conchinchina.

Nadie depende de mí, no tengo deudas, no le debo nada a nadie, no dependo de nadie y sólo gasto lo que consumo. Soy libre de hacer e ir a donde quiera. No tengo posibilidades infinitas pero son tantas las opciones que las siento sin fin. Ahora estoy aquí trabajando en una granja lechera, dentro de tres semanas estaré recorriéndome el país, en un mes y medio estaré disfrutando de una isla del Pacífico… pero en tres meses podría estar en Japón dando clases de español, o en Finlandia estudiando, o en Bolivia vendiendo empanadillas de carne y patatas, yo qué sé. Opciones infinitas.

Con muchísimo trabajo y empeño me he regalado una libertad que no tiene precio, y hoy me doy cuenta de lo afortunada que soy. De lo libre que soy. De lo mucho que puedo expandir mis alas y volar.

Feliz segundo mes de libertad, Marta ❤

 

P.D: el título de este post hace referencia a un proyecto que inicié en el blog justo antes de salir de viaje, llamado “días de abecedario”. El día que me tocó escribir sobre una palabra que empezara por la letra “L”, decidí hacerlo sobre “libros”.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me flipa como escribes y me flipa verme reflejado en lo que escribes. Felicidad y Libertad es la mejor compañía de vida. Me alegro mucho y a ver si en breves nos cruzamos por la isla sur, que hay ganas de conoceros y compartir experiencias! Kiwiendiez, un abrazo !

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    1. Qué comentario 💖 Coincido contigo a partir de “Felicidad y Libertad” hasta “un abrazo” (ya que si lo hago desde antes sería un poco prepotentilla :P). Y sí, a ver si nuestros caminos neocelandeses se cruzan y nos conocemos 🙂 ¡Otro abrazo para ti!

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