Diario de Viaje kiwi I: Milford Sound, la octava maravilla del mundo

Día 1 de viaje

Nueva Zelanda es impredecible.

Esa mañana amaneció con un sol resplandeciente, una mañana de luz. Eran nuestros últimos momentos en la granja donde habíamos estado viviendo y trabajando dos meses. Una granja en la que nos trataron como familia, donde aprendimos un montón y donde, a pesar de los sentimientos encontrados, fuimos tremendamente felices.

Por fin seis de enero. Parecía que nunca iba a llegar, pero después de Navidad me di de bruces con él sin verlo llegar. El tiempo había volado y ya era seis de enero. El sol brillaba fuerte, nos despedimos de nuestros compañeros y comenzó a llover.

Mucho. Muchísimo.

En cuestión de un parpadeo todo quedó cubierto de niebla, y en unas horas teníamos que hacer un crucero por el fiordo Milford Sound. ¿Cómo se puede ver un fiordo si está todo nublado?

Recogimos rápido nuestras ropas tendidas y pusimos rumbo a Te Anau, la última ciudad antes de llegar a Milford Sound, confiando en que el mal tiempo nos diera tregua.

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Sabes que estás de camino a Milford Sound cuando la banda sonora del viaje son los “wooow”, “buuuufff increíble”, “ooooohhh” y “uuuuuhhh” que salen sorprendidos de la boca de los viajeros. Me he recorrido Nueva Zelanda de punta a punta y puedo afirmar que Milford Road es de las carreteras más bonitas del país -que no la más-.

Es más, es tan bonita que hasta el Departamento de Conservación neocelandés te avisa de que conduzcas con cuidado, ya que las vistas pueden distraerte. Tómate tu tiempo y disfruta de cada minuto que pases en esa carretera.

No seas como nosotros, que llegábamos tarde y a la ida sólo pudimos disfrutar de las vistas desde la ventanilla del coche. Suerte que el cielo se estaba despejando.

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Casi llegando a Milford Sound encontrarás el Homer Tunnel, un túnel de 1,2km con semáforo, ya que es de un sólo sentido. Había leído que en ese punto podían verse keas, el único loro alpino del mundo. Los keas son los loros más inteligentes, pues son muy buenos resolviendo problemas y abriendo cerrojos y candados, y además sólo pueden encontrarse en la isla sur de Nueva Zelanda. Así que nada más llegar y parar el coche, salí y esperé por si la suerte me dejaba ver una de estas curiosidades.

Muy, muy a lo lejos divisé la silueta de un pájaro volando. “¿Te imaginas que es un kea?” le comento a Miguel esperanzada, pues tenía mucha ilusión puesta en el avistamiento. Mucha ilusión sí, pero poca confianza… Al menos la parada nos sirvió para poder admirar, esta vez desde fuera y en pausa, el tremendo paisaje.

Marta Diarra Lampi
Homer Tunnel Parking. A la derecha los coches esperan su turno para cruzar el túnel.
Marta Diarra Lampi
Homer Tunnel
Marta Diarra Lampi
Nieve en pleno verano en el parking de Homer Tunnel. No, no hacía frío.

Sigo con la mirada puesta en el lejano ave volador, cuya figura va haciéndose más y más grande. Se está acercando. Vuela por encima de nosotros y yo le veo su indiscutible plumaje de colores. “¡Miguel eso es un kea, ha venido un kea!” grito de emoción.

Un pájaro color oliva aterrizó en la acera de enfrente, simpático. Con aires de loro pero… salvaje. Definitivamente era un kea. Estaba tremendamente emocionada, pues había perdido toda esperanza en verlos. Me parecía un pájaro precioso, no podía quitarle el ojo de encima. Ni la cámara.

Así que voy a la acera de enfrente a conocerle más de cerca, perdiendo así nuestro turno de cruzar el túnel.

Marta Diarra Lampi

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Marta Diarra Lampi

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Pero llegábamos tarde y no podíamos perder más turnos para cruzar el Homer Tunnel, así que con gran alegría por haber conocido al kea, continuamos nuestro camino hacia la considerada como la octava maravilla del mundo.

Consejos con los keas:

  1. En general los keas son aves muy simpáticas, así que NO recurras a darles comida para atraerlos, probablemente se acerquen a ti por sí solos. Los alimentos humanos no tienen por qué digerirlos bien y pueden convertirse en “mendigos” de comida.
  2. No permitas que suban a tu coche ni dejes las puertas abiertas. Los keas tienden a picotear y romper las gomas, limpiaparabrisas e incluso las ruedas de los coches. Cuanto más lejos de tu vehículo, mejor para todos.
  3. Disfruta sin tocar, deja que la naturaleza fluya libremente 🙂

Hay tres formas de visitar Milford Sound: en crucero, haciendo kayak por sus aguas y sobrevolando los fiordos. Nosotros optamos por el crucero al ser la opción más barata. Existen varias agencias que operan diferentes cruceros, nosotros nos decantamos por GoOrange al ser la más barata y ofrecer prácticamente lo mismo que otras. Con ellos hicimos un crucero de dos horas a través de los fiordos + una tarta de zanahoria de regalo. Fueron 65NZD (38€) por persona, es decir, 130NZD (76€) en total.

Recomendación: cada empresa ofrece diferentes horarios para visitar Milford Sound. Seguramente el horario más barato que encuentres sea el de la mañana (sobre las 09:00). ¡No lo escojas! Es muy probable que por la mañana el tiempo esté nublado y no puedas ver bien los fiordos. Ah, y no olvides tu crema solar, ¡que el sol de Nueva Zelanda pega muuuuy fuerte!

Marta Diarra Lampi
Tickets para el crucero y tarta, ñam 🙂

Finalmente llegamos a tiempo, pero nos encontramos con un problema: el aparcamiento. No había sitio. Si no fuera porque justo un coche dejó libre su aparcamiento delante de nosotros, no habríamos encontrado ningún sitio donde aparcar. Así que ya sabéis: id con tiempo.

Hicimos el check-in, nos dieron nuestros tickets y subimos al barco.

El cielo se había despejado, quizás demasiado, porque el sol quemaba la piel hasta picar. Menos mal que uno de los trabajadores de GoOrange ofreció a todos los pasajeros crema solar.

A estas alturas del relato he de confesar una cosa: tenía bajas expectativas sobre Milford Sound. No sabía por qué pero tenía la sensación de que no me iba a gustar, o al menos no taaaanto. Y entonces entré en conflicto conmigo misma: si no fuera porque Milford Sound es el típico “must” de Nueva Zelanda, no estaría ahí. Sabía que estaba porque debía estarlo, pero no me apetecía del todo. También tenía que salir de dudas: ¿es Milford Sound tan maravilloso como lo pintan? Si es así, ¿por qué a mí no me interesa? ¿Hay o no hay que hacer las turistadas? ¿Por qué me siento mal al pensar en no hacerlo? Quizás si no fuera una turistada, ¿me interesaría más? ¿O era simplemente cuestión de gustos?…

Mis reflexiones se vieron interrumpidas por el pitido de salida del barco. ¡Zarpamos!

Marta Diarra Lampi

Las preocupaciones se fueron disipando a medida que el barco se alejaba del muelle. Ahora tocaba disfrutar. Estábamos en la planta de arriba del barco, viendo el paisaje. De repente, se asomó por una montaña una enorme cascada que había permanecido escondida. A los pocos minutos de zarpar ya tuvimos nuestra primera gran sorpresa. Por un megáfono escuchábamos las explicaciones de lo que veíamos.

La cascada se llama Lady Bowen Falls y tiene una caída de 162 metros. Se supone que es una de las cascadas que usó Peter Jackson para recrear Rivendel en El Señor de los Anillos. Esta cascada además proporciona electricidad al asentamiento de Milford Sound alimentando un pequeño sistema hidroeléctrico.

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Lady Bowen Falls

Marta Diarra Lampi

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Poco a poco fuimos dejando atrás la cascada, dando paso a nuevos paisajes. Nos estábamos adentrando en un mar rodeados de montañas enormes y frondosas. Incluso vimos algunos picos nevados. El brillo del sol puso el broche haciendo que el azul del agua y el verde de los valles se intensificara.

A medida que nos adentrábamos en los fiordos, divisamos a lo lejos una nueva cascada a la cual llaman “velo de novia” por, ya sabéis, la similitud blanca y larga de su caída con un velo nupcial.

Marta Diarra Lampi
Cascada velo de novia
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¡Nieve en verano!

Hasta que en un momento nos dimos cuenta de que todo el mundo estaba reunido en la parte delantera del barco. Como no escuchamos bien qué dijo el megáfono, decidimos ir a investigar.

¡Focas!

Estábamos ante una colonia de focas que dormían y nadaban. Focas grandes y focas pequeñas. Pero sobre todo focas muy lejos. Y con mucha gente. Yo apenas pude ver nada…

Marta Diarra Lampi
¿Focas? ¿Dónde?
Marta Diarra Lampi
¡¡¡AQUÍ!!!

El crucero se paró un ratito para ver las focas y reanudó su camino.

Estábamos tranquilos, relajados, disfrutando y comentando si recomendaríamos el crucero por Milford Sound o no. Estábamos indecisos, ambos teníamos confrontaciones emocionales con el tema. Sí pero no. No pero sí. Depende. Bueno sí. Mejor no… ay no sé. Milford Sound es precioso, cosa indiscutible. Pero… ¿maravilla del mundo? Habíamos viajado apenas nada por Nueva Zelanda pero ya habíamos visto otras formaciones naturales que nos habían sorprendido y maravillado mucho. No sabíamos muy bien dónde poner a Milford Sound.

De repente las montañas desaparecieron y solo vimos agua. Habíamos llegado a mar adentro. Si el barco siguiese, llegaríamos a Australia. Pero como ese no era el plan, el barco dio media vuelta y comenzó el regreso. Nos cambiamos de lado en el barco para ver los paisajes del lado opuesto. Y a disfrutar.

Marta Diarra Lampi
El regreso
Marta Diarra Lampi
Picos de Milford Sound

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¡Pero el crucero tenía una sorpresa preparada! Una sorpresa que te deja con una enorme sonrisa en la cara y algo de adrenalina. ¿Recordáis la cascada del velo de la novia? Pues volvimos a verla, cada vez más de cerca, y más cerca, y más cerca, Y MÁS CERCA Y MÁS Y MÁS Y MÁS hasta que… ¡metió la parte delantera del barco bajo ella! Y nosotros, por lo supuesto, estábamos ahí.

¡Qué emoción! ¡Qué divertido! ¿Cuántas veces en la vida tienes la oportunidad de estar bajo la furia de una cascada? Fue una experiencia que todavía me hace sonreír al recordarla 🙂

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

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Recién bañados 🙂

En esos momentos de tanta emoción, ambos decidimos en que sí recomendaríamos el crucero a Milford Sound.

El crucero estaba llegando a su fin. Las horas habían pasado rápido. Volvimos a ver los picos nevados y volvimos a ver a Lady Bowen Falls, las cascadas que ocultas custodian el muelle del puerto. Detrás de ellas estaría el fin del crucero. Bye bye Milford!

Marta Diarra Lampi
Lady Bowen Falls. Parece la silueta de una mujer, ¿verdad?

Finalmente, ¿recomendaría el crucero a Milford Sound? Todavía no estoy segura del todo, al final cada persona es un mundo. Lo que para mí puede ser sorprendente para ti puede ser una indiferencia, y viceversa. ¿Es bonito? Sí, mucho. Pero a mí no me sorprendió.

Al menos a ras del suelo.

Porque he visto imágenes de Milford Sound desde el aire y… ahí la cosa cambia. Es una maravilla (sobre todo cuando hay nieve, le da un toque muy bonito). De esa forma realmente puedes apreciar lo que son los fiordos de Milford Sound. Pero claro, esa experiencia no la puedo recomendar porque nunca la he hecho. Pero sí os puedo dejar con una foto que he encontrado en Google:

milford-sound-scenic-flights
Impresionante, ¿verdad?

El crucero ya estaba hecho y no teníamos más planes por el día. La tarde estaba cayendo y en cuestión de un par de horas se haría de noche, así que comenzamos nuestra ruta de vuelta, pero esta vez parando donde quisiéramos, pues no había prisa por llegar a ningún lado.

Esta vez pudimos saborear bien la Milford Road…

Marta Diarra Lampi
Cae la tarde sobre Milford Road

… y de nuevo cruzamos el Homer Tunnel.

Miguel: Marta, si quieres podemos quedarnos por si vemos…

Yo: ¡¡¡MADRE DE DIOS!!!

Y ahí estaban. Sí, ESTABAN. No uno ni dos, ni siquiera tres, sino CUATRO keas que paseaban por el parking. “Y yo que te iba a proponer esperarlos” bromea Miguel, y con una sonrisa vamos a verlos.

Marta Diarra Lampi
Pero mirad qué alas más bonitas y coloridas
Marta Diarra Lampi
Grupito de keas

Hasta que vino un coche e hizo EXACTAMENTE lo que NUNCA hay que hacer con los keas (me remito a los consejos que di anteriormente).

Marta Diarra Lampi
MAL. Puerta abierta = te pueden robar y la culpa será TUYA
Marta Diarra Lampi
MAL MAL. ¿En serio quieres ver roto tu limpia parabrisas?
Marta Diarra Lampi
MAL MAL MAL MAL MAL MAL MAL

Un poco indignados pero felices por haber tenido la suerte de haber visto cinco keas el mismo día, retomamos el viaje y nos volvimos a encontrar con otra peculiaridad animal neocelandesa: un weka.

Yo a los wekas los defino como el primo del kiwi, pues son aves ¡sin alas! O sea, un pájaro que no tiene alas??? Los wekas son más escurridizos que los keas, por lo que es mejor verlos desde lejos para no espantarlos. Aunque con ellos también hay que tener ojo. ¿Sabes cuál es su afición? Robar cosas brillantes. Y no tendrán ningún problema en merodear por tus pertenencias y coche. Una vez vi a uno con la cabeza metida en una bota de montaña, así que ni el sudor les parará el llevarse esa cuchara tan brillante que tienes (real). Por lo demás, son muy monos y no hacen ningún daño.

Marta Diarra Lampi
¿Es eso un weka?
Marta Diarra Lampi
¡Sí, es un weka!

De camino (o de regreso) a los fiordos hay un montón de puntos interesantes donde pararse: la explanada Eglinton Valley, lagos como Mirror Lake o Lake Gunn Nature Walk, rutas de senderismo como Routeburn Track, Pop’s View Lookout, o cascadas al lado de la carretera como las Falls Creek o The Chasm… Lo bueno de haber visto estas cosas en el regreso es que las tuvimos sólo para nosotros, sin masas.

También hay rutas de senderismo tanto de un día como de varios. Por la carretera hay varias zonas de campings del DOC en el que puedes pernoctar por 13NZD por persona. Nosotros como no queríamos pagar por dormir fuimos hasta Lumsden, donde tienes un espacio amplísimo con supermercado, una biblioteca (dejan el WiFi encendido 24/7), baños 24h, basuras, lavadero y hasta un parque para niños. Para nosotros es el camping más completo de toda Nueva Zelanda, y está a 1h de Te Anau, a 90min de Queenstown y a 1h de Invercagill. O sea, en medio de to’ el meollo.

Aquí acaba nuestro primer día de lo que, aun sin saberlo, se convertiría en un viaje de 55 días. Next stop? Una playa muy especial para mí

Marta Diarra Lampi
Eglinton Valley para nosotros solos

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado este primer diario de viaje? Nunca había escrito uno, así que si quieres puedes dejarme alguna crítica constructiva o consejo. Por cierto, ¿alguna vez te ha ocurrido algo parecido a mí con el tema de las “turistadas”? ¿Alguna vez te has sentido como “obligado” a visitar algo sólo por ser un “imperdible”?

Un saludo y nos leemos en la próxima 😁

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Satu dice:

    Marta, muy interesante, muy bien escrito – casi lo podía vivir y ver contigo – y las fotos que acompañan geniales. 👏👏👏

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    1. ¡Gracias! Esa era la intención, intentar que otros lo viviera a través de mí 🙂

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