Reflexiones tardías tras cinco meses fuera de casa

Había decidido no escribir un post de “mensuario” porque el cuarto mes casi se me solapó con el quinto, y no sentía que tuviera nada nuevo que decir. Pero esta tarde, mientras paseaba por la playa, me he encontrado reflexionando sobre mis cinco meses fuera de casa.

Marta Diarra Lampi
El atardecer en la playa de hoy

Estaba pensando en que en cuestión de cinco meses he vivido muchas vidas. Siento que llegué a Nueva Zelanda hace mil años. Pero no porque se me esté haciendo pesada la experiencia (¡ni mucho menos!), es que vivo tantas cosas a diario que el tiempo parece que se dilata y dilata hasta hacerse infinito.

Siento que he vivido muchas vidas porque el primer mes en el país lo viví como emigrante, como una chica recién graduada que está en un país que le es completamente ajeno, con un idioma distinto al que está acostumbrada y teniéndose que enfrentar a sus primeros pasos en el mundo laboral.

Era una chica algo miedosa pero con ganas de alcanzar metas.

(para qué engañarnos, sigo siendo miedosa)
Marta Diarra Lampi
Miguel y yo en nuestro primer día en Nueva Zelanda

Siento que he vivido muchas vidas porque el segundo mes lo viví como una verdadera granjera. Me levantaba a las 03:30am para ordeñar vacas. Vivía, literalmente, en medio de la nada, en medio de un paisaje que estaba rodeado de montañas en 360º cuyo cielo nocturno se llenaba de tantas estrellas que sentías que si nacía una más, el cielo colmaría. Vivía feliz y libre, me encantaba mi trabajo (aunque tenía ciertos sentimientos encontrados) y no me importaba ensuciarme ni estar lejos de la civilización.

Estaba encantada con la vida tranquila -y dura- de granja.

Marta Diarra Lampi
Las preciosas vaquitas
Marta Diarra Lampi
Una parte de las montañas
Marta Diarra Lampi
El cielo de la granja

Siento que he vivido muchas vidas porque el tercer y cuarto mes lo viví como una nómada. Vivía en mi van, viajaba descubriendo Nueva Zelanda y sin saber dónde dormiría cada noche. Viajaba lento, sin prisas ni planes, saboreando cada lugar, parándome donde me lo pedía el corazón y yéndome cuando la brisa de otros mares me llamaba.

Caminé por montañas, recorrí cientos de miles de kilómetros de carretera, cogí aviones, me sumergí en culturas diferentes a la mía. Viajé y soñé y disfruté sin hogar fijo. Sin nada fijo.

Y lo volvería a hacer.

Marta Diarra Lampi
He recorrido Nueva Zelanda de punta a punta

Y siento que he vivido muchas vidas porque el quinto mes lo he vivido sedentaria, teniendo una casa “propia” en condiciones que nunca antes había tenido: casas de dos pisos, con grandes jardines, huertos, jacuzzis, todo tipo de electrodomésticos, televisores cuyos programas se pueden rebobinar… Para mí, que he vivido 20 años en un estudio 15m2, ha sido como vivir en verdaderos castillos. Y además acomapañada de gatos (cuatro en total), un perro y peces. Me he encargado de limpiar piscinas y de cortar el césped, de mantener cosas que nunca habían formado parte de mi día a día.

Es como si hubiera adoptado la identidad de otras personas, me hubiera instalado en sus casas y vivido sus vidas pero siendo yo. Ya no es “vivo como quiero”, ahora es “me ajusto a como viven otros”.

Y lo volvería a hacer.

Marta Diarra Lampi
Hemos cuidado de la preciosa Bella
Marta Diarra Lampi
Y de Goldie, la robacorazones

Creo que es normal que sienta que llevo mil años en Nueva Zelanda porque siento que he vivido mil vidas diferentes: la trabajadora, la campestre, la nómada, la sedentaria, la niña, la mujer, la libre, la de las obligaciones… he vivido mil vidas y todas ellas me han encantado.

Creo que me gusta eso, el cambio. Mutar. Probar y adaptarme Quedarme si me gusta e irme si no congenio.

Creo que me estoy descubriendo en otros ámbitos, cómo reacciono, cómo me las apaño o cómo funciono en general. O quizás me esté forjando una nueva personalidad. O personalidades.

No lo sé.

La única certeza que tengo es que me ha gustado eso de experimentar tantas vidas tan diferentes.

Estoy preparada para vivir todo aquello que esté por venir en los siguientes meses 🙂