Diario de viaje kiwi 4: cuando viajar cansa

Día 9 de viaje (del 14 al 17 de enero de 2018):

Después de pasar unos días de recuperación, diversión y avistamiento de pingüinos en Dunedin (puedes leer el diario de viaje que corresponde a Dunedin aquí), decidimos ir directamente al punto neurálgico-turístico de Nueva Zelanda: a los lagos Tekapo, Pukaki, Tasman y al Monte Cook. Así, del tirón, haciéndonos un viaje de tres horas por carreteras estrechitas, de esas que cuando pasa un camión te da la sensación de un choque frontal inminente.

 

Es curioso porque mucho se ha escrito sobre las bondades de viajar, incluso de viajar largo y lento, pero hay un aspecto del que no se habla mucho.

Y es que viajar cansa.

Sí, cansa.

Nueve días de viaje no parecen mucho, pero hagamos cálculos:

  • 9 días son 216 horas.
  • Si quitamos las 8 horas de dormir diarias, nos quedamos con 144 horas.
  • Si a eso le restamos todas las 10 horas de coche conducidos desde el primer día + otras 10 horas que se habrán ido en comer, nos quedamos con 124 horas.
  • En esas horas hemos: hecho un crucero por fiordos, surfeado, avistado pingüinos, focas y delfines, hemos hecho rutas de senderismo y visitado varias cascadas, faros, playas, acantilados… en total, habremos hecho unas 23 actividades/visitas.
  • Si 124 horas son algo más de 5 días, hemos hecho 4,6 actividades al día, cuando cada actividad te lleva más o menos de media unas 2-3 horas.

O sea, en 124 horas/5 días activos, he llegado a hacer unas 25 actividades, o lo que es lo mismo, demasiadas cosas para tan poco tiempo.

Por eso no es de extrañar que cuando llegara al lago Tekapo, casi ni saliera del coche.

 

El cansancio

El lago Tekapo y el Pukaki son famosos por su característico color azul intenso, de esos que se te derrite el corazón nada más verlo. Pero yo estaba tan cansada que cuando llegué mis ojos sólo pudieron fijarse en la horda de turistas asiáticos y en el “click click click click CLICK” de sus cámaras que ametrallaban fotos, en la pareja de al lado y en su niña llorona, y también en la pareja de novios (asiáticos) que, entre el gentío y a vestido blanco pomposo, estaban en medio de su sesión de fotos de boda.

Ese lugar estaba tan congestionado, que preferí irme a dormir.

 

Después de la siesta y de comer, le (nos) dimos una oportunidad al Tekapo, la otra maravilla del lugar.

Como una imagen vale más que mil palabras, dejo plasmado mi cansancio en formato fotografía chusta:

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Lo que es el lago Tekapo.
Marta Diarra Lampi
Mi foto.

Preciosa Marta, preciosa, sí señor.

 

Lo que sí eran preciosas fueron las vistas hacia el Monte Cook de nuestro free camping. El tener una van self-contained y poder dormir en tantos lugares gratis, nos ha permitido amanecer en lugares maravillosos. Y este es uno de los mejores en los que hemos amanecido.

Marta Diarra Lampi
Al fondo el Monte Cook, la montaña más alta de Nueva Zelanda.

El enfado

El día amaneció soleado y despejado, perfecto para ver el Monte Cook y el lago Tasman. Éramos suertudos, pues no pocos son los que llegan a esos lares y se van a casa decepcionados, pues las nubes y la lluvia no les han permitido no disfrutar, sino siquiera admirar los paisajes.

Lo que yo no sabía es que incluso en el día más resplandeciente de todos, puede formarse una tormenta interior que te arrebata el disfrute.

 

Condujimos por un valle verde, con montañas enormes cuyos picos, durante el verano más caluroso que ha registrado el país, estaban todavía nevados. Hasta que el verde dio paso al marrón y a nuestro lado apareció un río color azul grisáceo único, pues sus aguas viene directamente de un glaciar.

Marta Diarra LampiLlegamos a un aparcamiento, dejamos el coche y subimos bajo un sol ardiente lo que para mí fueron como mil escaleras hasta que llegamos a un mirador con vistas hacia el glaciar Tasman y el Monte Cook.

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi
Ojalá una foto así con mis amigos 😂

Allí Miguel y yo respiramos paz, disfrutamos, nos asombramos, nos embelesamos… y nos peleamos. Lo peor de todo es que ni siquiera recuerdo el motivo del enfado, simplemente recuerdo que me quería ir y no me apetecía ver nada más ni mucho menos sacar fotos.

 

Estaba cansada, enfadada y al borde de una insolación. Así que nos volvimos por el mismo valle por el que llegamos, pero sin ser los mismos.

Marta Diarra LampiEste post me resulta algo difícil de escribir, ya no por el enfado en sí, sino porque éste borró todo lo que sentí en esos momentos, incluso se borró a sí mismo, porque ni siquiera sé a día de hoy qué leñes me molestó tanto como para preferir irme de un lugar tan alucinante en vez de calmarme, dejarlo pasar, poner una sonrisa y seguir disfrutando de un lugar tan único.

Sobre todo porque poco después de irnos me calmé.

Pero ya por logística no íbamos a volver atrás.

Al menos aprendí una lección: no dejar nunca más que mi temperamento y estado de ánimo tomen el timón de MI viaje.

 

Calmando los calores

Hay una cordillera montañosa en la ciudad Twizel que dicen es muy bonita, pero no sabíamos muy bien cómo encontrarla. Paramos en Twizel para comprar unos helados que pensábamos aplacarían los sudores que ya mojaban nuestras ropas.

Paseando con nuestros helados vimos un mapa de la ciudad.

– Oye Miguel, aquí hay un lago, y pone que se pueden hacer picnics…

Eso fue más que suficiente para coger el coche e irnos hacia el lago Ruataniwha a zambullirnos de lleno en sus refrescantes aguas.

Fuimos buscando montañas y encontramos un lago.

Me pareció una alternativa perfecta.

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Nos refrescamos, hicimos la comida, me tumbé a leer bajo la sombra de los árboles, hice fotos… y cuando llegó el atardecer, seguimos con el viaje. Como me pasaría más adelante con Hokitika, encontré algo que para nada iba buscando.

Y me encantó.

 

Así que segunda lección aprendida: date lo que necesitas. Que sí, que en la ruta que planificaste estaba hacer una ruta de 3h por el monte, sí. Pero si lo que necesitas es descansar, hazlo. ¿Para qué vas a ir al monte si no vas a estar agusto? ¿Para que tu malestar aumente y en la siguiente excursión estés aun peor? Si tu cuerpo te pide algo, dáselo. Es más sabio de lo que creemos 😉

 

El resto del viaje continuó por las montañas y glaciares de Nueva Zelanda, fuimos a Cromwell donde desvirtualicé a una amiga de mi Instagram, cruzamos el Lindis Pass (un paso de montaña que cruza los alpes del sur de NZ), visitamos Queenstown, Glenorchi, Rob Roy, Wanaka, Tasman Glacier, Fox Glacier, Blue Pools…

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Con tanto destino montañoso, no es de extrañar que al llegar a Hokitika sintiera una conexión más que especial.

Pero eso os lo contaré en el siguiente diario de viaje.