Todo lo que ocurrió entre Ohakune y el presente

Esto de llevar un blog de viajes mientras se está de viaje no es nada fácil. A veces uno tiene que encontrar el equilibrio entre lo que está viviendo y escribir sobre lo que está viviendo. Y yo todavía no he encontrado mi punto medio, pero estoy en ello.

Lo último que publiqué por aquí sobre mi paradero fue que, tras tres meses de llanto y felicidad absoluta, dejábamos la encantadora Ohakune. Y de eso han pasado casi cinco meses ya.

¡Casi cincomeses!

Ni siquiera me había dado cuenta…

Cerca de cinco meses en los que he vivido de todo. Y en ese todo, una de las experiencias más duras y desgarradoras de toda mi vida. Pero de eso escribiré en otro post, que lo necesito.

Así que para actualizar mi presente y que os ubiquéis entre los posts que llegarán a continuación (¿estoy muy optimista con eso de que ahora escribiré más?), y porque las listas molan, he aquí la…

LISTA DE TODO LO QUE ME PASÓ ENTRE OHAKUNE Y EL PRESENTE:

  • La misma noche que dejamos Ohakune llegamos a Fielding, un pueblito que vete tú a saber por qué se había llevado el título de la “ciudad más bonita de Nueva Zelanda”. O sea, ¿khé? Es exactamente igual que las demás. Pero buéh…
  • En Fielding pasamos un par de semanas ciudando de dos gatitas en un housesitting. Una de ellas tenía el labio mal y se le asomaba el colmillo cual vampira, la otra tenía complejo de perro y le gustaba jugar a que le tiraran la pelota.
  • Al término del housesitting, fuimos por unos días a lo que tendría que ser nuestro hogar y trabajo por tres meses: una granja lechera familiar en medio de la nada a trabajar alimentando a terneritos chiquitos bonitos. Pero como todavía no nos necesitaban para trabajar…
  • Nos fuimos a hacer otro housesitting por unos días a Wellington a cuidar de un perrito viejito y a hacer papeleos para la Work and Holiday Visa de Australia.
  • Tras unas vacaciones en Wellington, mi ciudad favoritísima de NZ, volvimos a Feilding para comenzar a trabajar con los terneros.
  • En el trabajo pasamos unas semanas. El trabajo nos resultaba fácil, no era cansado, la casa estaba bien, nuestro jefe era un cielo… pero su mujer, la “jefa”, no lo era tanto. Hasta el punto que cuando comenzó a saltarse el contrato, decidimos irnos del trabajo antes de que fuera demasiado tarde. Estábamos perdiendo un dinero que nos correspondía.
  • Después de las angustias y discusiones tenidas con la “jefa” para que cumpliera el contrato, nos sentíamos agotados y temerosos por el desempleo. Estábamos en pleno invierno y el único buen trabajo para los backpackerscomo nosotros era el de cuidador de terneros, pero la temporada ya había empezado.
  • Lo que jamás nos hubiésemos imaginado fue que al dejar un mensaje en una web de granjeros sobre nuestra disponibilidad, nos LLOVIERAN las llamadas. Teníamos tanta experiencia con granjas de NZ que todas nos querían.
  • Así que entre tanta oferta, nos decantamos por una que estaba en la isla sur, mi gran amor de verano. Nada nos hacía más ilusión que volver a la isla sur y verla en invierno.
  • Y para allá que fuimos, a un lugar cerca de Ashburton, a 1h aproximada de Christchurch y de los lagos Pukaki y Tekapo, a trabajar en una granja grande, con jornadas laborales de +10h al día, con compañeros geniales, sin pagar alojamiento, ganando mu-chí-si-mo dinero… pero con una depresión y pesadumbre encima que me estaba superando. Todo parecía perfecto en la granja, pero no lo era. Tenía un lado muy oscuro que me acabó consumiendo y dejándome los ánimos por los suelos…
  • Así que hablamos con mi jefe y decidimos abandonar el trabajo. Yo estaba tan triste y derrotada que sólo me apetecía desconectar del mundo entero y desaparecer. Y eso hicimos.
  • Nos fuimos durante un mes entero a cuidar(me) de dos perritos a Sumner, un pueblito costero de Christchurch. Ese mes para mí fue como de retiro espiritual: tuve tiempo para mí sin preocupaciones, llevando una vida y rutina normal lejos de todo aquello que yo quisiera tener lejos. La primavera, el sol, la tranquilidad, los paseos por la playa fueron medicina para mi alma. Poco a poco fui recuperando el ánimo y las ganas de seguir con la aventura. Y eso volvimos a hacer.
  • Tras un mes de parón, conseguimos trabajo en una plantación de kumara (papa dulce), en Dargaville, Northland. Es decir, en la otra punta del país. Así que de nuevo cogimos carretera y manta y en tres días nos recorrimos el país entero, haciendo una parada en nuestra querida Ohakune para visitar a nuestros queridos amigos argentino-colombianos.
  • Lo que nos lleva a hoy: ahora mismo estoy escribiendo desde mi cama en un día libre. El trabajo me gusta, mis compañeros de casa me gustan, mi casa me gusta, los compis de trabajo me gustan, la ciudad me gusta. Trabajar con las plantas a mano me encanta, me relaja y me parece súper terapéutico. O sea, que me pagan por hacerme autoterapia (?). Cortamos, seleccionamos y plantamos las patatas todo a mano con cariño, es como más artesanal y menos industrial, y creo que eso me hacía mucha falta.

Y eso es todo lo que me pasó entre Ohakune y el hoy. En otro post entraré a hablaros más en profundidad sobre todo lo que es Dargaville y mi vida en ella, que también da para rato.

¡Nos vemos en la próxima!